Entrevista: Walter Dinegri
Historias de pescadores y la perla de Rocha
El ayer y el hoy se entrelazan en el balneario rochense Punta del Diablo, “La Punta del Diablo”, “ El Diablo”, según diferentes acepciones que se escuchan.
En el kilómetro 298 de la ruta nacional número 9, se encuentra el “pueblito de pescadores “, ya famoso hace tiempo.
¿Cuánto queda del pueblo ?
Este es un claro ejemplo de nuestro eslogan “abrazar el pasado en el presente”.
Punta del Diablo fue una de las localidades más visitadas por los uruguayos a inicio del 2024, luego de Punta del Este y Piriápolis, según datos relevados por el Observatorio de Turismo Inteligente del Ministerio de Turismo de Uruguay registradas en InfoRocha – https://inforocha.uy/2024/02/22/punta-del-diablo-fue-una-de-las-localidades-mas-elegida-por-los-uruguayos-en-el-inicio-del-2024
HOY IMÁGENES
LA HISTORIA CONTADA POR WALTER GALIMBERTI DINEGRI ACOSTA, UNO DE LOS PRIMEROS PESCADORES
Nacido el 27 de enero de 1928.
“ Fundamos un pueblito de pescadores sin ser pescadores”.
Fue a vivir a Punta del Diablo (desde ciudad de Castillos) por segunda vez el 12 de junio de 1958 y se quedó definitivamente.
Surge ir a trabajar Punta del Diablo por la opción laboral, lo cual no brindaba demasiadas posibilidades la ciudad de Castillos. “A causa de la guerra” afirma Dinegri, “surgió venir a pescar porque había muchos tiburones. La primera vez fue así: los Amaral de Castillos se enteraron que el hígado del tiburón se usaba para sacar vitaminas que les daban a los aviadores, se pescaba, sacaban el hígado, lo guardaban en tarros de 30 kilos con sal y se llevaban cuando había una cantidad considerable. No se usaba el resto de la pesca. Cuando se terminó la guerra se volvió a Castillos, retorna en 1958 por necesidad de trabajo..
¿QUÉ HABÍA?
En 1950 construyeron la Hostería del Pescador, la ONDA llegaba hasta allí, el resto era arena y médanos. Hasta la playa se iba caminando.
Recuerda Walter que cerca de la playa había dos casas: la de Antonio Méndez y la de Isidro Acosta.
No eran pescadores, debieron enseñarse entre ellos a remar, para usar las embarcaciones, por eso afirma que fundaron un pueblito de pescadores sin serlo. Volvió porque se quedó a vivir el que los enseñó a remar. En ese momento una empresa pesquera de La Paloma comenzó a comprar carne de tiburón y mejillones para envasar, “el mejillón se cría rápido” afirma. También en determinado momento sacó de apuros a los pobladores la venta de artesanías, hechas con vértebras de pescado: “compraban para Mar del Plata hasta 500 gargantillas.
También se trabajó para la venta el “bacalao”, fueron importantes los “VARALES”, una imagen que era común en el pueblo.
Foto gentileza de Andrés Gammenthaler
– El “Restaurant del Mar” fue el “espejo del pueblo”







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